16 de agosto de 2022

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Hace un siglo nacía Judy Garland, la protagonista de «El mago de Oz»

Judy Garland en El Mago de Oz haciendo Over the Rainbow un clsico del Technicolor
Judy Garland en «El Mago de Oz», haciendo «Over the Rainbow», un clásico del Technicolor.

Los 47 años de vida que soportó la actriz y cantante Judy Garland, de quien este viernes se cumple el centenario de su nacimiento, incluyeron anhelos, triunfos, derrotas, adicciones y enfermedades, entre otras peripecias humanas, que fueron la montaña rusa que cimentó la fama de una mujer que entonó «Over the Rainbow» en la película «El mago de Oz», con la que se ganó la inmortalidad.

Frances Ethel Gumm nació en Grand Rapids, Minnesota, el 10 de junio de 1922 y fue encontrada muerta el 22 de junio de 1969 por su último marido, Mickey Deans, en la casa que la pareja había alquilado en Londres.

Al parecer, el deceso se produjo por una sobredosis de barbitúricos, aunque el forense declaró que la ingesta había sido accidental y no un intento de quitarse la vida.

Telam SE

Con algo de azúcar en el guion, bastante de eso se vio en la película «Judy» (2019), protagonizada por Renée Zellweger y dirigida por Rupert Goold, que como muchos de los estrenos cinematográficos de las últimas décadas son olvidados con facilidad.

Junto a sus hermanas Mary Jane y Dorothy Virginia formó durante la adolescencia un grupo para espectáculos de variedades llamado ingenuamente «Las hermanas Gumm» y que antes de disolverse tuvo el efímero título de «Las hermanas Garland».

La razón: en 1935 avispados buscadores de talentos separaron a la futura Judy y le hicieron firmar contrato por 20 películas con la Metro-Goldwyn-Mayer, en épocas en que los artistas se transformaban en «propiedad» de las empresas y debían ocupar los lugares que se les asignaran.

Desde los 13 años sufrió una dieta impuesta por MGM basada en sopa, lechuga, cuatro atados diarios de cigarrillos para reprimir su apetito, anfetaminas para trabajar y barbitúricos para dormir.

Al principio se la incluyó en comedias juveniles: «Locuras de estudiantes» (1936), la maratónica «La melodía de Broadway de 1938» (1937), «Everybody Sing» y «Casemos a mamá» (1938), y fue la segunda del tontuelo Mickey Rooney -un actor que parecía no crecer y que interpretaba a un personaje llamado Andy Hardy- en «Los hombres no lloran» (1937), «Andy Hardy se enamora» (1938), «Los hijos de la farándula» (1939), «Andy Hardy tenorio» (1940), «Armonías de juventud» (1940),«Babes on Broadway» (1941), «Andy Hardy aventurero» (1941) y «Loco por ellas» (1943).

Las cuatro últimas fueron rodadas con la misma disposición de elenco, con Rooney a la cabeza, aun luego del espaldarazo de «El mago de Oz» (1939), donde la actriz manifestó su enorme talento para el canto, ayudada por los efectos del entonces sorprendente Technicolor de tres tiras y por la dirección parcial de Victor Fleming, un artesano que en medio del rodaje debía correr hasta otros estudios para cumplir con escenas de «Lo que el viento se llevó», que se filmaba al mismo tiempo.

Mejor le fue en sus encuentros con Gene Kelly en «El pirata» (1948), de Vincente Minnelli, y «Valle alegre» (1950), de Charles Walters, porque los talentos se igualaban y la armonía que aparecía en la pantalla era auténtica.

Trailer «El Mago de Oz»

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Antes, convertida en la compañera asexuada de Rooney, una cláusula de moralidad en su contrato le impedía tener citas con varones o acudir a fiestas: desde los 13 años sufrió una dieta impuesta por MGM basada en sopa, lechuga, cuatro atados diarios de cigarrillos para reprimir su apetito, anfetaminas para trabajar y barbitúricos para dormir.

Liberada del contrato leonino que la ataba a MGM, Garland comenzó a presentarse en los escenarios de Broadway con un éxito clamoroso, así como en los casinos de Las Vegas y otras salas; ya no era la adolescente de 16 años que cantaba «Over the Rainbow», había adquirido un firme oficio y en 1945 rodó «Campanas del destino», dirigida por Vincente Minnelli, quien se convirtió en su segundo marido ese año y futuro padre de su hija Liza (1946).

También se presentó en ciclos de televisión que se vieron de costa a costa y a los 32 años demostró que además de saber cantar podía ser una formidable actriz dramática, cosa que demostró al ganar el Globo de Oro a mejor actriz de comedia musical por «Nace una estrella» (1954), de George Cukor, por la que también fue nominada al Oscar.

Trailer «Nace una estrella» (1954)

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Los triunfos profesionales arreciaban, tanto en el cine como en sus presentaciones como cantante, pero su interior parecía no haber madurado lo suficiente como para soportar tanta popularidad y comenzó a tener disturbios psicológicos que la condujeron al alcohol y al abuso de medicamentos, que visiblemente empezaron a conspirar contra su estado físico.

Por otra parte, siempre se sintió insegura de su apariencia, incluso cuando el paso de los años la iban alejando de aquella primera imagen adolescente.

Luego de aquellos premios, Judy tuvo un largo período de internaciones y un largo silencio se ciñó sobre su figura hasta que fue toda una novedad que tan solo en 1960 su voz -aunque no su figura- apareció en la comedia «Pepe», de George Sidney, filmada para mayor gloria de Mario Moreno «Cantinflas», y hubo que esperar un año para verla en un intenso papel de víctima del nazismo en «Juicio en Nuremberg», de Stanley Kramer, por la que también estuvo nominada a un Oscar.

Trailer «Un niño espera» (1963)

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En 1963 cumplió sus últimas apariciones en la pantalla: prestó su voz a la protagonista de «Mewsette de París», un dibujo animado, y participó junto a Burt Lancaster y Gena Rowlands de «Un niño espera», tercera película dirigida por el rebelde John Cassavetes, y «Amarga es la gloria», de Ronald Neame, filmada en Inglaterra y en la que interpreta a una cantante con problemas de familia.

La artista estuvo casada con David Rose (1941-1944), Vincente Minnelli (1945-1951), Sidney Luft (1952-1965), Mark Herron (1965-1968) y Mickey Deans (1968) y además de Liza fue madre de Lorna Luft (1952), también actriz y cantante, y Joseph Luft (1955).

Aquella generación de estrellas que Judy integraba pagó con su vida -algunas literalmente- el encabezar un escuadrón que no conocía otra forma de vida ni entendía que, pasados sus 30 años, el mundo las trataría como reliquias.

Como Bette Davis o Joan Crawford, Judy Garland murió sin comprender del todo por qué Hollywood y su público la había abandonado.

«If Love Were All» en el programa «The Judy Garland Show» (1963)

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Con el tiempo, su figura tomó rasgos míticos y Garland se transformó en ícono de la comunidad LGBTIQ+ mucho antes de que la sigla se inventara: muchos homosexuales se declaraban «Dorothy’s friends» -su personaje de «El mago de Oz»- en tiempos en que debían utilizar términos en clave para manifestar su identidad.

Desde su nacimiento hace 83 años, «Over the Rainbow» es una de las canciones más versionadas de la historia y un guiño cultural que comparte con la también famosa «Cantando en la lluvia», mientras su melodía y su letra pueden acompañar momentos tristes u optimistas.

Su metáfora sencilla e inmediata -imaginar lo que hay más allá del Arco Iris, un fenómeno atmosférico que parece mágico, tan innegable como inalcanzable- conecta con cualquier persona; por eso lleva décadas ocupando un espacio a medio camino entre lo mitológico y lo visceral en la cultura pop.

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