27 de junio de 2022

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«Consagrada»: la vida ante la lógica del podio

Gabi Parigi se prepara para Consagrada Foto Cris Sille
Gabi Parigi se prepara para «Consagrada» / Foto: Cris Sille

La bailarina y artista circense Gabi Parigi es la coautora e intérprete de «Consagrada», una tragicomedia que bucea en las exigencias, la meritocracia, el sacrificio y el individualismo al hablar sobre las rígidas condiciones de desarrollo de una disciplina deportiva como la gimnasia artística a partir de experiencias personales.

Obra de teatro físico, danza y circo contemporáneo, «Consagrada», que se está presentando a sala llena en el Galpón de Guevara los sábados a las 21.30, incluye elementos del biodrama y la autobiografía.

«El material partió de una pulsión autobiográfica, tomando parte de mi experiencia como gimnasta artística de la Selección Argentina en una disciplina que practiqué entre los 4 y los 19 años», cuenta a Télam en una primera aproximación Gabi Parigi, de 36 años, formada en la escuela de circo La Arena de Gerardo Hochman, integrante del Proyecto Migra y creadora y directora pedagógica de Eureka, un laboratorio escénico anual de búsqueda artística en circo contemporáneo.

«Con Flor Micha, que es la coautora y directora de ‘Consagrada’, asumimos hablar de esa singularidad propia para ficcionalizar y universalizar ciertos temas que nos atraviesan a todos como son las lógicas del podio, la meritocracia, los sacrificios, cuestiones de género, la crianza; partimos de la vida de una deportista de alto rendimiento pero no queríamos subrayar una vida sino universalizar temáticas mas allá de que alguien haya hecho deporte o no», destaca Parigi.

La elaboración de «Consagrada» abarcó un extenso lapso y surgió a partir de una serie de escenas que Parigi venía desarrollando desde hace algunos años vinculadas con su experiencia como gimnasta artística de alto rendimiento pero cobró fuerza a partir del trabajo colaborativo con Flor Micha, la decisión de encarar un unipersonal y una serie de laboratorios de improvisación que pusieron en juego juntas para ir encontrando el relato dramático que cruza la obra.

Atravesada por la pandemia, «Consagrada» inicia sus ensayos en febrero de 2020 pero las medidas de aislamiento imponen una primera postergación, habilitan un streaming con el material trabajado hasta el momento a partir de un concurso del Instituto Nacional del Teatro, vuelve a estar lista para estrenar en mayo de 2021 pero la pandemia vuelve a postergar el estreno, se muestra a personas del medio teatral como Mauricio Kartum y Gerardo Hochman y finalmente tiene estreno con público a lo largo de 12 funciones en septiembre de 2021, vuelve en febrero de este año por dos meses y desde el sábado pasado arrancó con singular suceso su «tercera» temporada.

«En julio 2021 estalló el caso de la gimnasta estadounidense Simone Biles en los Juegos Olímpicos de Tokio, lo que permitió que la obra comenzara a manifestarse antes del estreno y nos dio certezas de que aquello de lo que hablamos en ‘Consagrada’ no es algo enfrascado en una experiencia individual sino que estaba pasando afuera, en distintos deportes y ámbitos», remarca Parigi, formada también en la prestigiosa escuela superior de las artes del circo de Toulouse, Francia, Occitanie.

«Es una carrera corta muy intensa y que empieza muy rápido y te hace sentir que sos vieja también muy rápido y en el medio se viven metamorfosis físicas, emocionales, hormonales, algo muy fuerte que se debe acomodar a una concepción mental muy rígida.»Gabi Parigi

«Así, ‘Consagrada’ arrancó con mucha resonancia, mucha fuerza y muchas sorpresas, se acercaron a ver la obra muchas y muchos exgimnastas, exentrenadores, juezas de la época en que yo hacía gimnasia, gente vinculada al deporte y gente también que por ahí no es público habitual del teatro», agregó.

Télam: ¿Estamos ante una obra de circo o de teatro?

Gabi Parigi: Es circo contemporáneo popular y en esta obra trabajamos en un cruce de teatro, teatro físico, danza. Desde que dejé la gimnasia artística a los 19, vengo haciendo un camino de búsqueda y fusión de la danza, el teatro, el clown, la acrobacia, donde la técnica circense, aunque es muy importante para mí como artista, no es el centro de la cuestión, como puede suceder en espectáculos de circo más tradicional, sino que está a disposición de un relato, de una dramaturgia.

T.: Y con un cruce de distintos lenguajes escénicos.

G.P.: Sí, me encanta cuando se genera ese cruce de lenguajes donde para poder hablar o ser sutil en escena no hace falta restringirse a la técnica circense sino ver de qué modo eso es llevado a escena para que ningún área se imponga sobre la otra sino que convivan en función de una dramaturgia que las ordena y donde puedan aparecen la sensorialidad y la creación de imágenes.

T.: En la gimnasia artística parecen ponerse en juego cuestiones muy rígidas para sus practicantes.

G.P.: Hay mucho, está la dieta, cierto régimen militar de entrenamiento, los movimientos que solo pueden ser de una forma específica, la manera como se juzgan la performances, cómo deben ser los cuerpos, un montón de cosas, lo que tiene de muy particular y polémico es la cuestión de que son niñas muy chicas las que la practican. Es una carrera corta muy intensa y que empieza muy rápido y te hace sentir que sos vieja también muy rápido y en el medio se viven metamorfosis físicas, emocionales, hormonales, algo muy fuerte que se debe acomodar a una concepción mental muy rígida. Una de las imágenes centrales que tengo de toda esa época es que había que ser fuerte, con una imagen de fortaleza patriarcal donde se ponía en juego el no llorar, no habilitar la emocionalidad, no permitirse tener miedo o expresar el miedo, no poder decir que el cuerpo te duele (y te duele). Un discurso muy militarizado en niñas muy pequeñas, donde había también cuestiones de género, porque no era igual el vínculo de un niño varón con un profesor varón que el de una niña con un profesor varón, había algo del miedo que no se generaba de la misma manera.

T.: ¿La obra se va transformando a lo largo de las funciones?

G.P.: Fue creciendo, no se fue modificando sino ajustándose en un camino que tuvo que ver con faltarle un poco el respeto al propio material y permitir que los personajes vayan desarrollándose; el momento del entrenador, del asistente, están siendo cada vez más impunes en el sentido de que se van liberando para obrar siempre a favor del material dramático y de la escena.

T.: En la obra aparecen muchos objetos, ¿también vinculados a tu biografía?

G.P.: Los corsets y el bastón que utilizo cuando entro a escena son de mi abuela, todas las medallas, los equipos del comité olímpico, las mallas, los trofeos, son míos, cosas que tenía arrumbadas debajo de la cama y que se resignificaron con «Consagrada»: si das vuelta una medalla tiene un papelito pegado con la letra de mi mamá que dice «Panamericano Brasil», por ejemplo, y así otras, eso tiene una potencia muy fuerte porque hay un grado de verdad que se transmite en la escena.

T.: También la música que comienza con electrónica y termina con una cumbia rabiosa tienen un impacto fuerte en escena.

G.P.: Toda la música y los ambientes sonoros los hizo Juan Barone, que es un músico de la banda El Kuelgue, fue espectacular trabajar con él y algo que está muy vivo y presente en escena porque la música y lo sonoro arman como un mundo escenográfico y tridimensionalizan lo que está pasando en escena de una manera muy fina, fundamentalmente en un unipersonal donde una está sola con el mundo.

«Consagrada» se puede ver los sábados a las 21.30 en El Galpón de Guevara (Guevara 326), fue escrita por Gabi Parigi y Flor Micha, tiene dirección de Micha, interpretación de Parigi; música de Juan Barone; vestuario de Sharon Luscher; iluminación: Laura Saban y producción de Emilia Cortelletti, Florencia Montaldo, Maribel Villarosa.

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