1 de agosto de 2021

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Canticuénticos va al Astral en vacaciones para recrear la «reunión de varias generaciones»

Doble función en las vacaciones, en el Astral, desde este jueves.

Doble función en las vacaciones, en el Astral, desde este jueves.

El grupo santafesino Canticuénticos ofrecerá una serie de shows desde este jueves, con doble función a las 13 y a las 15.30, en el porteño teatro Astral, con la premisa de “reunir a varias generaciones en torno a una propuesta en la que los niños toman el papel central y los adultos entran en ese mundo para compartirlo”.

“Nosotros hacemos una propuesta para toda la familia, así que ir a ver a Canticuénticos no sólo se trata de acompañar a los chicos a escuchar música, sino que la asistencia a los espectáculos sea también la posibilidad de jugar juntos y de compartir entre los niños, los padres y los abuelos”, señaló Daniel Bianchi, guitarrista de la agrupación, en una entrevista con Télam.

“Es esa complicidad que vemos desde el escenario en cada presentación la que hace que entendamos la importancia del ritual del concierto en vivo”, abundó el músico, quien además toca el charango y hace coros.

El grupo santafesino  protagonista de un show en el centro porteño.

El grupo santafesino protagonista de un show en el centro porteño.

En estas vacaciones de invierno, el grupo que cuenta con una trayectoria de más de 11 años y cinco álbumes en su haber, realizará dos funciones diarias hasta el domingo 25 en la sala sita en Av. Corrientes 1639, en las que ofrecerá un recorrido por clásicos como “La cumbia del monstruo”, “Quiero para mí”, “El mamboretá”, “Noni noni” o “Bate con la cucharita”, y también por los temas de su reciente disco “A cocochito”.

“Como grupo encontramos en la actividad artística un canal muy importante de comunicación y de expresión de sentimientos profundos, que nos parece que debe ser aprovechado para canalizar los deseos, miedos, preocupaciones o alegrías que nos definen como sociedad”, agregó Bianchi en torno a la agrupación que busca en cada uno de sus trabajos alejarse de los estereotipos.

Ruth Hillar (voz, flauta y acordeón), Daniela Ranallo (voz), Laura Ibáñez (voz), Gonzalo Carmelé (bajo y coros), Nahuel Ramayo (batería, percusión y coros) y Sebastián Cúneo (producción, iluminación, fotografía y video), conforman la agrupación.

«Esta pandemia nos va a dejar muchos debates por resolver, porque puso en evidencia cuestiones muy profundas que estaban instaladas y prácticamente invisibilizadas por la cotidianeidad.»

Daniel Bianchi

Así como también participan Cintia Bertolino (voz invitada y asistencia de puesta en escena), Darío Zini (asistencia de escenario, aerófonos, charango y percusión) y Javier Escandell (sonido).

Télam: ¿Qué expectativas tienen en estas particulares vacaciones de invierno?

Daniel Bianchi: Tenemos muy buenas expectativas. Anhelamos fuertemente el reencuentro con el escenario y con nuestro público, y seguro van a ser toques muy emotivos y cargados de una energía increíble. Creo que todos, tanto los artistas como el público, necesitamos volver a frecuentar los espacios dedicados al disfrute. Hay mucha gente que la pasó muy mal y cualquier atisbo de normalidad será bien recibido.

T: ¿Cuál es la esencia de Canticuénticos?

DB: Hay varias aristas que nos marcan el norte como grupo y que definen nuestra propuesta. La más importante es el cuidado respetuoso de la sensibilidad e inteligencia de los niños que nos escuchan. Por el lado de la música, creo que el uso de los ritmos de raíz folclórica argentina y latinoamericana es una elección que nos marcó desde el principio y nos caracteriza, es la música que más se acerca a nuestra idiosincrasia como sociedad y a nuestra forma de entender el mundo, y brindársela a los niños de una manera abierta y participativa favorece la reafirmación de la identidad y crea lazos de pertenencia.

T: ¿Cómo se van adaptando y qué elementos tienen en cuenta en relación a las inquietudes de las infancias al momento de pensar nuevas propuestas?

DB: Una de las cosas a las que nos fuimos acostumbrando y que nuestro público recibió muy bien fue la propuesta audiovisual. La armamos de a poco, con mucho cuidado y cariño, y tuvo una recepción muy linda, ya que es un lenguaje muy cercano a los chicos. Un ejemplo de esto es la «Cantiteca», que es una serie de audiovisuales breves que fuimos haciendo durante este período de pandemia y que tratan distintas temáticas que consideramos importantes. Otra de las propuestas de la que tuvimos hermosos resultados fue la colección «Canticuénticos en papel», una serie de libros que contiene la poesía de una canción, hermosamente ilustrada por nuestra amiga Estrellita Caracol, que supo captar el espíritu de cada tema y traducirla al lenguaje gráfico de una manera muy sensible y acorde a lo que nosotros proponemos desde la música.

T: ¿Qué significa para las infancias poder ver un espectáculo y escuchar música en tiempos de pandemia?

DB: Creemos que es muy fuerte para todos volver a habitar los espacios que fuimos abandonando a partir de las restricciones impuestas por la pandemia. Tanto niños como adultos estuvimos (y en algunos casos todavía estamos) marginados de cosas que formaron parte de nuestras vidas y hay gente que recién ahora se está dando cuenta de la importancia de algunas de ellas. Ese es el caso de las actividades culturales y artísticas, que fue uno de los rubros que más sufrió las cuarentenas. En nuestro caso y en el de toda la música para los niños, la asistencia a los espectáculos tomaba la forma de una salida familiar y eso se extraña.

T: Se debatió mucho sobre el tema de las clases y poco sobre la cuestión lúdica para los chicos, ¿cuál es su observación?

DB: Esta pandemia nos va a dejar muchos debates por resolver, porque puso en evidencia cuestiones muy profundas que estaban instaladas y prácticamente invisibilizadas por la cotidianeidad. En el caso de las instituciones educativas, uno de los temas gira en torno al balance entre la formación de los conocimientos y la socialización. Con el uso de las tecnologías a las que nos sometió la pandemia y la modalidad virtual, se transformó el hogar de cada docente y de cada alumno en un aula, en un laboratorio, en un salón de actos. Lo que no se puede llevar a lo virtual es el encuentro, la mirada, el abrazo, la palabra cercana, necesarios en estos tiempos tan dolorosos.

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